El malentendido que más caro sale
Tu madre tiene demencia. Desde hace unas semanas grita durante el aseo, aparta las manos, llama por la noche, come menos. En la reunión alguien pronuncia la frase que cierra la conversación: «es la enfermedad, que avanza». Y luego llega la propuesta: unas gotas por la noche, «para que esté tranquila».
Detente un momento en una posibilidad que casi nadie plantea la primera: ¿y si le duele?
Porque una persona que ya no puede decir «me duele la cadera» no deja de tener dolor. Solo deja de poder decirlo. El dolor sale igual — pero sale como conducta: resistencia durante el aseo, agresividad justo en el momento en que la movilizan, quejido continuo, rechazo de la comida, noches enteras llamando. O lo contrario: un repliegue silencioso en el que ya no pide nada. Todo eso se registra como «alteraciones de conducta».
Y ahí se produce la inversión que lo estropea todo: un problema de dolor se lee como un problema psiquiátrico y recibe un fármaco psiquiátrico. La persona se calma — no porque el dolor haya desaparecido, sino porque está demasiado sedada para manifestarlo. El síntoma se va. La causa se queda y sigue haciendo daño.
Por qué ocurre tan a menudo
No es mala fe. El dolor en las personas mayores institucionalizadas está casi siempre presente y casi nunca se busca:
- Artrosis de cadera, rodilla, hombro y columna: dolor que aparece con el movimiento, es decir, justo durante las transferencias y el aseo.
- Secuelas de fracturas, a veces de hace años.
- La boca: una prótesis que ya no ajusta desde que adelgazó, un absceso, una encía inflamada. Nadie mira dentro. La salud bucodental es uno de los mayores puntos ciegos, precisamente porque no entra en la cartera de servicios como el resto.
- Úlceras por presión y curas, que duelen mientras se hacen.
- Estreñimiento pertinaz, retención urinaria: dolor real, sencillo de resolver, casi nunca sospechado.
- Neuropatías, dolor tras un ictus, uñas encarnadas, pies que nadie ha mirado.
La paradoja: la persona con demencia avanzada es la que más probabilidades tiene de tener dolor y menos de recibir un analgésico.
«No puede decirlo» no significa «no se puede medir»
Preguntar «del cero al diez, cuánto le duele» a una persona con deterioro cognitivo avanzado no funciona; eso es cierto. Pero la conclusión correcta no es que el dolor no se pueda medir: es que se usa otra escala.
Para quien no puede comunicarse existen escalas de heteroevaluación, validadas justo para esto: la PAINAD, ampliamente usada en su versión española, y la ESCID, desarrollada en España para pacientes no comunicativos. Observan la respiración, la vocalización, la expresión facial, el lenguaje corporal y la consolabilidad. No hacen falta pruebas ni colaboración: hace falta alguien que observe unos minutos, sobre todo mientras la movilizan.
Por tanto «no es valorable» no es un hallazgo clínico. Es la descripción de un instrumento que no se ha usado.
De ahí la frase que puedes usar mañana mismo:
«¿Con qué escala han valorado su dolor, en qué fecha y qué puntuación salió?»
No es una opinión contra otra: es un documento.
El apoyo legal español: tienes derecho a verlo
Este es el punto que casi ninguna familia usa. La Ley 41/2002, de autonomía del paciente, reconoce el derecho de acceso a la historia clínica, que puede ejercer la propia persona y, cuando no puede hacerlo, quien la represente debidamente. Pedir la valoración del dolor no es pedir un favor: es ejercer un derecho de acceso a lo que ya debería estar anotado.
Conviene saber también dónde está anotado, porque en España hay una complicación real: una residencia es un recurso social, no sanitario. Según la comunidad autónoma y según sea plaza privada o concertada, el seguimiento médico puede corresponder al médico del centro o al médico de atención primaria asignado. Si en la residencia te dicen que eso lo lleva primaria, la conversación siguiente es con el centro de salud — y no es una excusa, es una vía. Merece la pena preguntar quién prescribe y quién revisa la medicación, porque a menudo son personas distintas y ninguna de las dos ha mirado el conjunto.
Y si el centro no responde, existen dos instrumentos concretos: la hoja de reclamaciones, que todo centro está obligado a facilitar y que llega a la administración, y la Inspección de Servicios Sociales de tu comunidad autónoma, que es quien autoriza y supervisa el centro.
La trampa del «si precisa»
Mira la hoja de medicación y busca las dos palabras que lo deciden todo: muchos analgésicos están pautados si precisa. Para una persona orientada tiene sentido: pide cuando lo necesita.
Para una persona que no puede pedir, «si precisa» significa en la práctica nunca. El fármaco existe en el papel, no llega nunca al cuerpo, y el registro está formalmente correcto. Es uno de los fallos más extendidos y menos visibles.
De ahí la segunda pregunta, y una propuesta concreta que puedes poner encima de la mesa:
«¿Podemos probar un analgésico pautado a horas fijas durante una semana y ver si cambia la conducta?»
Es el ensayo terapéutico analgésico: un analgésico sencillo administrado a horas fijas — no a demanda — durante un periodo definido, y luego se observa. Si la agitación baja, tienes la respuesta y has evitado un psicofármaco. Si no cambia nada, has descartado el dolor con información real en lugar de con una impresión. Es una propuesta razonable y de bajo riesgo que cualquier médico puede valorar — y te sitúa en un lugar distinto al de «la familia se queja».
Lo que puedes ver tú, sin formación clínica
- Ve una vez durante el aseo o una transferencia, no a media tarde cuando está quieta en el sillón. El dolor articular se ve con el movimiento: la mueca, la mano que se retira, el cuerpo que se pone rígido cuando le cogen el hombro.
- Mírale la cara mientras la movilizan: ceño fruncido, ojos apretados, boca tensa. Es exactamente lo que puntúan las escalas.
- Mírale dentro de la boca. De verdad. La causa más frecuente y la menos buscada.
- Tócale los pies: uñas largas, uñas encarnadas, dedos montados, zapatos que ya no entran.
- Pregunta cuándo fue la última deposición. Pregunta poco elegante y clínicamente muy pertinente.
- Fíjate en si la agitación tiene una hora. Si aparece siempre en el mismo momento — al levantarla, en el cambio, antes de la cura — no es un estado de ánimo: es un suceso.
Que quede por escrito
Lo que consigues de palabra desaparece en el cambio de turno. Pide que conste en el plan de atención individualizado, con una persona responsable y una frecuencia: «valoración del dolor con escala de heteroevaluación dos veces por semana y antes del aseo»; «revisión del tratamiento analgésico a los siete días». Un objetivo escrito es comprobable: en la siguiente reunión basta con preguntar si se ha hecho.
Sobre el tono
Casi nunca tienes delante a alguien de mala fe, sino a una organización que no ha mirado en esa dirección porque nadie se lo ha pedido. La pregunta por la escala y la puntuación no acusa a nadie: reclama un dato que debería estar ya registrado. En esto estáis casi siempre del mismo lado.
Cuando el centro no es el adecuado
A veces la respuesta no es insistir, sino cambiar. Una residencia donde el dolor se valora con una escala y se registra es un producto distinto de una donde la agitación se apaga con unas gotas.
Ahí ayuda Curalune. Miramos el caso, te decimos qué residencias de tu zona son realistas y qué preguntar en cada una — incluido cómo valoran el dolor en quien ya no puede expresarlo. El análisis cuesta 59 € y se empieza en unos minutos. Si no recibe al menos 3 residencias que encajen con la zona y los criterios indicados, le devolvemos el importe íntegro. Empieza aquí
En resumen
- Quien no puede decir «me duele» lo expresa como conducta: resistencia al aseo, agresividad, noches agitadas, rechazo de la comida, repliegue.
- Esa conducta recibe a menudo un psicofármaco: el medicamento equivocado para un problema real.
- «No es valorable» es falso: existen PAINAD y ESCID para personas no comunicativas.
- La Ley 41/2002 te da derecho de acceso a la historia clínica. Pide escala, fecha y puntuación.
- Cuidado con el analgésico pautado si precisa: para quien no puede pedir, equivale a nunca.
- Propón un ensayo con analgésico a horas fijas durante una semana, y ve a verla durante el aseo.
Este artículo es información general y no sustituye el criterio médico ni una valoración clínica individual. Cualquier cambio de tratamiento corresponde al médico. La organización de la atención sanitaria en residencias varía según la comunidad autónoma. Curalune no adjudica plazas y no garantiza la disponibilidad.