La regla que decide toda la maleta
En una residencia la ropa va a lavandería industrial: agua caliente, detergentes fuertes, secadora. Todo lo que sea lana, seda, «lavar a mano» o «solo limpieza en seco» volverá encogido, o no volverá. Es lo primero que hay que saber, porque decide el contenido de la maleta.
Así que: algodón y sintéticos resistentes, colores medios u oscuros (las manchas se ven menos), y nada a lo que tengáis apego.
Ropa: cuánta y cuál
- unos 7 conjuntos completos: ropa interior, calcetines, camisetas, pantalones o faldas. Menos genera angustia de lavandería; mucho más no cabe en el armario, que siempre es pequeño.
- cierres por delante: si necesita ayuda para vestirse, botones y cremalleras delante son la diferencia entre dignidad y forcejeo. Evitad lo que se mete por la cabeza si le duelen los hombros.
- 2 chaquetas de punto y una ligera: en los centros se pasa del calor a la corriente en tres metros.
- zapatos cerrados por detrás y antideslizantes — no zapatillas abiertas, una de las causas más banales de caída.
- 3 o 4 camisones o pijamas fáciles de abrir.
- todo marcado con nombre y apellidos, cosido o con etiquetas termoadhesivas. El rotulador se borra al tercer lavado.
Los documentos (llevad copias, no los originales)
- DNI, tarjeta sanitaria y, si la hay, tarjeta del seguro privado;
- lista de medicación con dosis y horas, y las cajas: se entregan a enfermería, no al cajón de la mesilla;
- recetas recientes, informes de alta hospitalaria, últimas analíticas;
- alergias e intolerancias en una hoja aparte;
- resolución de grado de dependencia y PIA, y el certificado de discapacidad si lo tiene;
- poderes preventivos, curatela o medidas de apoyo si existen; documento de instrucciones previas (testamento vital) si lo firmó;
- teléfonos del médico de cabecera y de dos familiares, con móviles.
Lo que hace que la habitación sea suya
Es la parte que las familias infravaloran y la que más cambia las primeras semanas:
- fotos con los nombres escritos detrás — le sirven a ella y sirven al personal para hablarle de su familia;
- una manta o colcha reconocible, su almohada;
- la radio o un reproductor con la música de sus veinte años;
- un reloj grande que muestre también el día y la fecha: ayuda mucho más de lo que parece a quien se desorienta;
- una lámpara de mesilla familiar y una luz de noche;
- si lo permiten, su sillón: preguntad antes, por el espacio y la normativa contra incendios.
Qué dejar en casa
- joyas, relojes de valor, más efectivo del mínimo. Llevad poco y pedid el inventario firmado de lo que entra;
- objetos irreemplazables: si perderlos os dolería, no entran;
- estufas, velas, ladrones de enchufes: casi siempre prohibidos;
- medicamentos en su bolso: los gestiona enfermería, o se corre el riesgo de dosis dobles.
Marcad también gafas, audífono (con pilas y cargador), dentadura y su estuche. Son los objetos que más desaparecen, y su ausencia empeora confusión y apetito en pocos días.
Lo más útil de todo: una hoja sobre su vida
Un folio, entregado a la dirección el primer día: a qué se dedicaba, cómo se llaman sus hijos y nietos, cómo quiere que la llamen, a qué hora se despierta, cómo toma el café, qué la calma, qué la asusta, de qué le gusta hablar, qué no soporta.
Es la herramienta más infravalorada por las familias y la más usada por los profesionales: cambia de verdad cómo la tratan, porque la convierte de «la señora de la 12» en una persona con una historia.
El primer día: los errores clásicos
- Llegad por la mañana, no a las 19 h. El final de la tarde es el peor momento: cambio de turno y agitación vespertina.
- No vayáis todos a la vez. Dos personas, no ocho.
- Deshaced la maleta con ella y colgad las fotos *antes* de iros: una habitación que ya es suya no se parece a una habitación vacía con una bolsa en el suelo.
- No os quedéis todo el día. Parece duro, pero el personal necesita establecer un contacto directo con ella, y con la familia delante eso no ocurre.
- Despedíos corto e igual: «vuelvo el miércoles». Alargarlo no consuela.
Antes de salir preguntad: quién es su profesional de referencia, a qué número llamar por la tarde, cómo funciona la lavandería, cómo se gestionan los gastos personales pequeños, y cuándo será la primera reunión del plan de atención individualizado (pedidla a las cuatro o seis semanas).
Y para saber qué esperar después: las primeras semanas en la residencia.
Si el centro aún no está elegido
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