Cuando deja de hablar
No está enferma exactamente. Simplemente ya no pide nada. Se queda en la habitación, con la televisión encendida sin mirarla, y os contesta con monosílabos incluso a vosotros. Cuando lo comentáis, os dicen que «ya se ha adaptado» o que «es normal a su edad».
Las dos respuestas son falsas. La depresión no forma parte de envejecer. En las residencias es frecuente, se detecta poco y se trata bien. Que algo sea común no lo convierte en normal — con el dolor no lo diría nadie.
Tres cosas que descartar antes de llamarlo depresión
El aislamiento tiene el mismo aspecto sea cual sea la causa, y equivocarse de orden lleva directamente a la receta equivocada. Pedid que se descarten estas tres, en este orden:
- Dolor no tratado. Es la primera causa de apatía y retraimiento en personas mayores, y quien tiene demencia no lo expresa con palabras. Preguntad: «¿se ha valorado el dolor con una escala observacional, y cuándo?»
- Delirium. Un retraimiento que se ha instalado en días y no en semanas, con confusión fluctuante, es delirium mientras no se demuestre lo contrario: una infección de orina, deshidratación, un estreñimiento tenaz o un fármaco nuevo. Es una urgencia médica, no un problema de ánimo.
- Oído, vista y dientes. Un audífono roto, sin pila o que simplemente no le ponen aísla por completo en pocas semanas. Lo mismo con unas gafas perdidas o una dentadura que ya no sujeta: quien no puede comer en el comedor se retira a su cuarto.
Son comprobaciones poco lucidas, y resuelven buena parte de los «está depresiva» sin ningún psicofármaco.
La pregunta sobre el PIA
El Plan Individual de Atención no es solo medicación, higiene y alimentación: debe recoger objetivos de participación y atención psicosocial. Ahí se ve si un centro se ocupa del ánimo o solo del cuerpo.
Pedid por escrito una reunión con la dirección y plantead estas preguntas:
- ¿Hay psicólogo o psicóloga en el centro, cuántas horas y ha visto a mi madre? La normativa de vuestra comunidad autónoma fija la cartera de servicios y los ratios de personal para los centros autorizados — y si la plaza es concertada, la atención psicosocial suele estar comprometida en el pliego. Tenerlo en plantilla y que llegue a los residentes no es lo mismo.
- ¿Qué figura en su PIA sobre participación, y quién lo ejecuta cada día?
- ¿A qué actividades ha asistido en el último mes? Pedid el registro, no una impresión. «Participa con gusto», dicho en el pasillo, no es un dato.
- ¿Qué se ha intentado para sacarla de la habitación, y con qué resultado?
Pedid también valoración por terapia ocupacional, que en muchos centros existe y a la que casi nadie deriva.
El fármaco correcto y el equivocado
Si la valoración confirma una depresión, el tratamiento es un antidepresivo adecuado más intervención no farmacológica: actividad, relación, movimiento, rutina. Lo que no es un tratamiento de la depresión es un neuroléptico.
Revisad la hoja de medicación y preguntad sin rodeos: «¿se ha introducido un antipsicótico, con qué diagnóstico documentado, quién lo ha prescrito y cuándo se revisa?» En personas mayores con demencia los antipsicóticos aumentan el riesgo de caídas, ictus y mortalidad, y usarlos porque alguien está callado y no molesta es una sujeción química, no un cuidado. Cualquier sujeción exige indicación, consentimiento y revisión.
Pedid además una revisión de toda la medicación: benzodiacepinas, algunos antihipertensivos y fármacos con efecto anticolinérgico apagan el ánimo y la alerta.
Y la vía pública, en paralelo
Entrar en una residencia no cancela su condición de paciente del sistema público. Sigue teniendo médico de atención primaria, y desde ahí se puede pedir valoración y derivación a salud mental o a la unidad de psicogeriatría de referencia. Es una vía que se solicita, no que se ofrece sola.
Lo que podéis hacer vosotros, y pesa más de lo que parece
- Visitas previsibles, mejor que largas. Veinte minutos tres veces por semana, siempre los mismos días, dan forma a la semana; tres horas el domingo no.
- Llevad una tarea, no solo conversación. Doblar ropa, mirar fotos con los nombres escritos detrás, pelar algo juntos. Quien conserva un papel se retira menos.
- Sacadla de la habitación mientras estáis allí, aunque sea al pasillo o al jardín. La luz y el movimiento actúan sobre el sueño, y el sueño sobre el ánimo.
- Preguntad por la habitación. Una habitación lejos de las zonas comunes aísla. Pedir el cambio es legítimo: hacedlo por escrito.
- Comprobad el audífono en cada visita. Pila, encendido, puesto de verdad. Es la intervención más eficaz y más olvidada que existe.
Si no os hacen caso
- Escrito a la dirección pidiendo revisión del PIA, con fecha y preguntas numeradas.
- Médico de atención primaria, para valoración, revisión de medicación y derivación.
- Hoja de reclamaciones, con copia sellada.
- Inspección de servicios sociales de vuestra comunidad autónoma, que comprueba la cartera de servicios y los ratios — y que, si la plaza es concertada, además paga.
Cuando el problema es el centro, no la persona
Hay una diferencia entre una residencia donde vuestra madre está triste y otra donde todo el mundo está en su cuarto. Si la sala común está vacía a las cuatro de la tarde, si hay un televisor encendido ante diez personas que no se hablan, si las actividades son un cartel y no un registro con nombres, el problema no es el ánimo de vuestra madre.
Si habéis llegado a esa conclusión y no tenéis fuerzas para empezar de cero, esa parte la hacemos nosotros: decidnos la zona, la situación y qué ha fallado, y recibís una selección de centros que merecen una llamada, por 59 €. Si no recibe al menos 3 residencias que encajen con la zona y los criterios indicados, le devolvemos el importe íntegro. Empezar aquí
Este artículo es información general para familias, no asesoramiento médico. El diagnóstico y el tratamiento corresponden a los profesionales sanitarios, y la cartera de servicios y la inspección dependen de cada comunidad autónoma. Si teméis un riesgo inmediato, contactad con el médico o llamad al 112. Curalune no adjudica plazas ni garantiza disponibilidad.