La frase que hay que oír con atención
«No duerme, le hemos dado algo para que descanse.» Suena a cuidado y muchas veces lo es. Pero antes de aceptarla conviene hacer una pregunta que casi nadie hace: ¿por qué no duerme?
Porque en la inmensa mayoría de los casos, una persona mayor que no duerme en una residencia no tiene un trastorno del sueño. Tiene una jornada organizada de manera que dormir de noche es casi imposible.
Cómo es realmente su noche
Pida el registro de noche de la última semana. No la impresión de nadie: el registro. Y compruebe estas cuatro cosas, que son las que suelen explicarlo todo.
A qué hora la acuestan y a qué hora la levantan. En muchos centros se acuesta a las siete de la tarde y se levanta a las seis y media de la mañana, no porque ella lo pida sino porque así encaja con los turnos. Once horas y media en la cama son demasiadas para cualquiera: el sueño se fragmenta y a las tres de la madrugada está despierta. Eso no es insomnio, es aritmética.
Cuántas veces se abre su puerta. Las rondas nocturnas son necesarias, pero una linterna en la cara cada dos horas despierta a cualquiera. Pregunte si su plan permite espaciarlas o hacerlas sin encender la luz general.
Cuánto duerme de día. Si pasa la tarde adormilada en un sillón frente al televisor, la noche está perdida antes de empezar. La inactividad diurna y la falta de luz natural son la causa más frecuente y la menos tratada.
El ruido. Carros a las seis, timbres, televisión de fondo en el control, puertas. Vaya una vez a las seis de la mañana: se aprende más en veinte minutos que en tres reuniones.
Las quince horas de ayuno
Este es el punto que casi nadie calcula y que a menudo lo explica solo. Si cena a las seis y media de la tarde y desayuna a las nueve de la mañana, son catorce o quince horas sin comer. Una persona mayor se despierta de madrugada con hambre, con la boca seca, a veces con una bajada de azúcar si es diabética.
La solución no es un hipnótico: es una colación antes de acostarse y algo accesible por la noche. Es una petición concreta, barata, y que se puede escribir en el plan de atención. Pregunte también qué hora es la última toma de líquidos: adelantar los diuréticos a la mañana y no dárselos por la tarde evita la mitad de los despertares para ir al baño.
Lo que hay que descartar antes que nada
- Dolor. Es la primera causa y la más pasada por alto, sobre todo en quien no puede expresarlo. Pregunte si se ha valorado el dolor con una escala de observación y qué se le da y a qué hora.
- Ganas de orinar. Diuréticos por la tarde, infección de orina, próstata. Todo tratable.
- Dificultad para respirar al tumbarse, que orienta a insuficiencia cardíaca y no a insomnio.
- Piernas inquietas, muy frecuente y muy poco diagnosticado en mayores.
- Depresión. El despertar precoz de madrugada es un síntoma clásico, y se trata de otra manera.
- La medicación que ya toma. Algunos fármacos, incluidos ciertos antidepresivos y corticoides, alteran el sueño. Una revisión de la pauta forma parte del abordaje.
Y si aun así se plantea la pastilla
Hay situaciones en las que un tratamiento tiene sentido, y no se trata de negarlo por principio. Se trata de saber lo que se acepta.
En personas mayores, las benzodiacepinas y los llamados fármacos Z aumentan de forma consistente el riesgo de caídas, fractura de cadera y confusión al día siguiente. Ese es el motivo por el que las guías recomiendan usarlos a la dosis más baja, durante el menor tiempo posible, y revisarlos — no dejarlos indefinidamente en la hoja de tratamiento, que es lo que en la práctica ocurre.
Tres preguntas que conviene hacer si ya se ha empezado:
- ¿Qué se le está dando exactamente, a qué dosis, y desde cuándo?
- ¿Quién lo prescribió y cuándo está prevista la revisión? Sin fecha de revisión, un tratamiento «temporal» dura años.
- ¿Se ha planteado una retirada gradual? Es posible y se hace despacio; retirarlo de golpe no es una opción y nunca debe hacerlo la familia por su cuenta.
Seis preguntas que conviene hacer
- ¿A qué hora la acuestan y a qué hora la levantan, y quién lo decidió?
- ¿Cuántas horas pasan entre la cena y el desayuno, y hay colación nocturna?
- ¿Cuántas veces se abre su puerta por la noche?
- ¿Se ha valorado el dolor, y a qué hora recibe el analgésico?
- ¿A qué hora se le dan los diuréticos?
- Si toma algo para dormir: qué, desde cuándo, y cuándo se revisa?
Si no se mueve nada
Por escrito a la dirección, pidiendo que el horario de acostarse y levantarse, la colación nocturna y el horario de los diuréticos consten en el plan de atención individualizado. Es ahí donde estas cosas se vuelven exigibles, y son cambios que no cuestan dinero. Si no hay respuesta, la reclamación va a la inspección de servicios sociales de su comunidad autónoma, y si la duda es sobre la medicación, al médico de atención primaria que la atiende.
Por dónde empezar
Haga una sola cosa esta semana: pregunte a qué hora la acuestan. Si la respuesta es «sobre las siete», ya tiene la explicación de por qué está despierta a las tres, y tiene un cambio que pedir que no requiere ninguna receta.
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Este artículo tiene finalidad informativa y no sustituye el criterio del médico que atiende a su madre. Ningún tratamiento debe suspenderse ni modificarse sin el prescriptor: la retirada de un hipnótico se hace de forma gradual y supervisada. Curalune no adjudica plazas y no garantiza la disponibilidad.